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Un Icono del Diseño – La Silla Barcelona

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No hace falta haber estado mucho tiempo en Barcelona para toparse con ella, posiblemente en el vestíbulo de un edificio de apartamentos en la parte alta de la ciudad o incluso en la sala de espera de un dentista o un médico.

La Silla Barcelona fue diseñada por Mies van der Rohe como una pieza concebida a medida para el Pabellón Alemán – el emblemático edificio cuya construcción se considera de manera generalmente aceptada el momento que marcó el nacimiento del movimiento modernista.

La silla y el pabellón, éste situado actualmente en su emplazamiento original justo al norte de la Plaça Espanya, se crearon conjuntamente.  El Pabellón Alemán, que supuso el lanzamiento a nivel internacional de la carrera de su arquitecto, fue diseñado por Mies para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Con sus planos perfectamente formados, su deliberadamente limitada paleta de materiales (está construido en vidrio, acero y mármol, ni más ni menos) y la fluidez que se establece entre los espacios interiores y exteriores, no resulta difícil imaginar el escándalo que supuso su yuxtaposición con los palacetes de estilo clásico y neobarroco que lo rodeaban cuando se celebró el evento. 

Puesto que se esperaba la visita de la realeza a la Exposición, la Silla Barcelona se concibió para acomodar sus reales posaderas. Con su gruesa tapicería de cuero en capitoné y sus amplias dimensiones, la Silla Barcelona tiene un aspecto imponente y formal. El arquitecto se inspiró para su diseño en la Silla Curul romana, aunque su armazón básico, formado por barras curvas entrecruzadas, también puede encontrase en sillas clásicas del siglo XIX. 

La consideración mostrada con las clases dominantes no parece encajar con un arquitecto cuya filosofía estaba firmemente enraizada en el Bauhaus.  Sin embargo, tal como puede leerse en la página web de MoMa, que incluye la Silla Barcelona en su colección, “El arquitecto sabía que lo que diseñase tenía que ser una silla importante, una silla muy elegante. El gobierno iba a recibir a un rey… La silla tenía que ser… monumental. En esas circunstancias no podía utilizarse simplemente una silla para la cocina”.

La Silla Barcelona nunca sirvió de asiento a la realeza tal como estaba previsto, y el pabellón en sí fue desmantelado al final de la Exposición (aunque se reconstruyó posteriormente a finales de la década de los 80 del siglo XX). Sin embargo, en 1953, Mies cedió los derechos de la silla a Florence Knoll, amiga, diseñadora y socia en la empresa de mobiliario Knoll – árbitros del diseño y la decoración modernos de mitad de siglo.

En una fecha tan reciente como 2011, la propiedad de la Silla Barcelona ha sido objeto de disputa puesto que otros fabricantes siguen produciéndola, aunque comercializándola bajo nombres diferentes. Knoll ha dedicado una considerable cantidad de tiempo y dinero a defender la marca de una de sus piezas emblemáticas. En su catálogo, la Silla Barcelona se vende por poco menos de 5.600 USD y está disponible en color marrón, negro y diversos tonos de gris.  (Curiosamente no se ofrece la tapicería de cuero de cerdo blanco original de la silla). 

Sin embargo, una búsqueda rápida en Internet nos permite encontrar la silla por menos de 300 euros, aunque en cuero de imitación y sin la firma grabada del arquitecto que figura en la versión original de Knoll.  Quizás esto explique por qué se ha convertido en un elemento tan habitual en Barcelona y en el icono del diseño más ubicuo de la ciudad.

Suzanne Wales